""Ya sentados sobre la bicicleta y dejándonos llevar por la leve pendiente hacia aquel oasis, el viento refrescaba nuestros cuerpos y nos provocaban escalofríos.
A medida que nos acercábamos a la aldea nos daba la impresión de que estaba abandonada. Pero poco a poco empezamos a ver a la gente asomándose por las ventanas de sus cabañas de bambú viendo a dos extraños sufriendo sobre sus bicicletas por mero placer. O tienen un sexto sentido o alguien les ha avisado de que llegábamos.""
Los mas pequeños del pueblo cargaban garrafas de agua vacias caminando hacia la fuente mas cercana.
""Con gestos les pedimos un poco de agua y una niña se nos acercó ofreciéndonos una garrafa de agua para que llenásemos nuestras botellas. A pesar de que el agua sabía a arena y que estaba tan caliente como el aire que respirábamos, nos supo mejor que un vaso de gazpacho con hielo a la sombra en una calurosa tarde de agosto en Madrid.
Las fuerzas empezaban a fallar y mejor encontrar un lugar donde dormir.
Entonces apareció un buen hombre llamado Phan y nos ofreció dormir en su casa…""
Seguimos el viaje de Javier Martínez de la Varga en los blogs recomendados en nuestra barra lateral.
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